Publicat el 18/07/2007
Shia Laboeuf • Megan Fox • Jhon Voight • Director: Michael Bay • Productor: Steven Spielberg.

¿Ustedes recuerdan el anuncio de la tele de un coche (creo que es Citroën), que se pone de pie y empieza a cambiar sus elementos y se transforma en unos segundos en un gigantesco robot metálico con las mismas piezas del automóvil? Pues por ahí vamos.
La casa americana de juegos y juguetes Hasbro creó y comercializa unos robots a los que ha llamado transformers porque pueden convertirse en coches, camiones, avi-ones o helicópteros y resulta que son los preferidos de los hijos de Spielberg. Al mago del cine se le ocurrió la idea de hacer una película basándose en estos robots. Como director pensó en Michael Bay y juntos visitaron a los fabricantes para estudiar lo de la transformación. Luego encargó a sus guionistas Orci y Kurtzman una historia en que los robots se mezclaran con actores de carne y hueso. Es imposible para unos escritores encontrar una idea potable para encajar tales elementos. Hay que recurrir al absurdo. Vean un esquema de lo que se les ocurrió.
En un planeta lejano de cuyo nombre no quiero acordarme, están en lucha permanente dos, digamos etnias, que para los terrícolas son robótica, los Decepticones y los Autobots, y ambos pretenden el dominio del universo. Pero la continuación de la vida en aquel planeta depende de la “chispa de la vida” (no se trata de Coca-Cola), encerrada en el cubo Ernicron, que vino a caer en nuestra Antártida, y su fórmula quedó grabada en las gafas de un viejo científico que investigaba allí. Las gafas están ahora en poder de su bisnieto Sam, y los Decepticones (los robots malos) y los Autobots (los buenos), comandados por Megatron y Optimus respectivamente, vienen a la Tierra a buscarlas y meten en un buen lío de luchas a Sam, a su más o menos novia Mikaela, al Secretario de Defensa Jon Voight y al agente del FBI Jhon Turturro entre ellos y los metálicos individuos, que tan pronto tienen forma de gigantesca chatarra guerrera como de avión, camión o helicóptero con tremendas armas.
Normalmente digo en mis crónicas que ahora, con la perfección de los efectos especiales ya nada nos sorprende. Sin embargo, Transformers lo consigue y la verdad es que nos maravilla. Está visto que las posibilidades del cine son infinitas. Olvídense del absurdo argumento. Las fascinantes transformaciones constituyen un espectáculo nuevo y los gigantes metálicos actúan con los personajes humanos en perfecta simbiosis. Habrá gente que me dirá: “Yo no voy a ver estas tonterías”. Y se lo perderán, porque espectáculos como éste no hemos tenido hasta ahora.
Hay que decir que los actores humanos saben encajarse bien en la extraña historia, sobre todo el magnífico protagonista Shia Laboeuf. La chica, Megan Fox, pone su toque exótico. Aunque éste corre a cargo de los gigantes compuestos de millones de piezas de chatarra. Solo encontré a faltar alguien que dijera que a Megatron, por ejemplo, le falta un tornillo, entre las numerosas cuñas de humor que la cinta presenta. Si la ven y se sitúan en este plan, con un buen cubo de palomitas, se maravillarán y lo pasarán bien. Sólo dos excesos: el metraje y el ruido.

Deixa un comentari