Publicat el 04/10/2006
Jennifer Aniston -Vince Vaughn. Director: Peyton Reed

Esta película queda algo atrasada, pero creo que vale la pena comentársela, aunque probablemente ya la habrán visto. Se anuncia como una historia romántica. Sí, pero no. Si ustedes esperan esto, o sea, chico conoce chica, se enamoran y surgen problemas ajenos que han de resolver para un final feliz, quedarán defraudados, sobre todo las señoras (y perdonen que haga esta arcaica discriminación. Normalmente se suele suponer que el género femenino es más sentimental que el masculino).
Jennifer Aniston y Vince Vaughn son una pareja ciertamente asimétrica en tamaño, pero que destila lo que ahora se llama “química” por los cuatro costados. Tanto, que incluso en la vida real se han unido, después de separarse ella de Brad Pitt. Yo confieso que soy bastante fan de la Aniston. No es lo que vulgarmente se llama “una tía buena” ni mucho menos. Es simplemente “monina”, pero muy expresiva, y en un cuerpo que no debe pasar de los 50 kilos y 1’65 de estatura (que en esta película nos permite admirar en un rápido pero sugerente desnudo de espaldas), se reúnen en adecuada proporción las cualidades que hacen atractiva a una mujer. Vince Vaughn es todo lo contrario. Probablemente más de 100 kilos de peso, pero no se lo puede llamar gordo por su enorme estatura y aspecto poderoso.
Bueno, pues esta pareja y sus problemas constituyen el clou de la película. Se conocen y se unen (nunca se habla de matrimonio) en unas rápidas y graciosas secuencias. Se gustan mutuamente, se aman, pero después de dos años de vivir juntos explotan las pequeñas cosas que han ido formando poso en su interior. Empiezan con pequeñas discusiones, cada cual pensando que el otro dará su brazo a torcer. Y como esto no ocurre, ellos mismos van destruyendo el lazo que habían formado. Finalmente, se impone la separación (nunca se habla de divorcio), pero tienen un piso a nombre de los dos, que ninguno puede, ni quiere dejar. Y se presentan situaciones que se calificarían de humorísticas, pero que rezuman en realidad una indudable amargura. Esta sensación de amargo romanticismo que el director ha conseguido imprimir a la historia es lo que da carácter diferente y categoría al film. No son circunstancias ajenas, sino ellos mismos los que destrozan lo que más quieren.
Con lo anterior queda reflejado lo que nos ofrece esta película en cuanto a protagonistas y director. Digamos que unos secundarios entre los que aparece la veterana Ann Margret en un reducidísimo papel de madre de la Aniston, completan un excelente reparto.


En resumen, una película romántica diferente, que no quiere ser calificada de almibarada. A mí me gustó, pero puede haber quien quede defraudado porque no resulte lo que esperaba.

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