Scoop
Seguimos con el inglés en los títulos de las películas (y lo que seguiremos si en nuestras escuelas se estudia como tercer idioma según se ha presentado en algunas campañas electorales). Scoop, en mi modesto conocimiento de la lengua de John Bull (¿o habría que decir del Tio Sam?), significa como verbo, cavar, excavar y, por similitud, escudriñar. En esta película el personaje de Woody Allen lanza varios dardos sobre la forma de hablar inglesa (ya dijo Oscar Wilde con su cáustico léxico que norteamericanos y británicos se parecen en todo menos en el idioma). Scoop es equivalente, en el argot periodístico americano, a exclusiva, el ideal de un periódico, y de esto va la película. Como tantas veces, los distribuidores han optado por no traducir.
Es igual. Se trata de la película que ha hecho este año Woody Allen en Londres, que no optará (creo yo) a ninguna estatuilla Oscar, pero que es una delicia para pasar el rato. El año que viene le tocará hacer la de Barcelona según se ha cansado de manifestar. A ver si consigue reflejar la imagen y el talante de nuestras gentes como ha hecho tantas veces con su querida Nueva York y ahora ha repetido en Londres. La del año pasado Match Point se la tomó más en serio aunque terminaba con un recurso fácil, lo que me pareció que, si bien pretendía ser simbólico, no estaba de acuerdo con su categoría.
En Scoop no. También hay un asesino a descubrir por la policía, pero se lo toma a broma desde un principio. Esto tal vez le quita entidad al film, pero es un relax para el espectador amante del cine de evasión, ya que la sonrisa no desaparece de sus labios. Estén atentos al diálogo y a las réplicas de cuestiones intrascendentes que salen de los labios de Allen, que se ha dejado de sus eternas dudas sexuales y personales en su lenguaje a borbotones tan bien doblado por Joan Pera. Sus observaciones son mordaces siempre.
Y también sale Scarlett Johansson, en un papel diferente de lo que se espera, y lo hace francamente bien. Es una estudiante de periodismo más bien tontorrona, con problemas de miopía y ortodoncia. Parece que a Allen le gusta trabajar con ella y realmente al público le va la pareja, aunque esta vez no se la lleva al huerto porque su relación es de padre (falso) e hija. Él es un mago de tres al cuarto que la utiliza una vez como voluntaria en un experimento, y se les mete en medio un famoso periodista que desde el viaje hasta el más allá se entera de una exclusiva excepcional que pretende que ella aproveche. Lo que ocurre después, con su punta de suspense, es puro divertimento.
En resumen, un argumento que tiene en el fondo alguna semejanza con el final de Match Point. Y no les extrañará que la película termine en un chiste, porque toda ella no deja de serlo. No muy original pero divertido, ciertamente. Lo pasarán bien.




