Princesas | La Clau -Revista gratuïta del Maresme
Publicat el 13/09/2005

INTERPRETACIÓN
Candela Peña, Micaela Nevárez, Mariana Cordero, Luis Callejo, Antonio Durán, Violeta Pérez, Llum Barrera
DIRECCIÓN Fernando León de Aranoa
DURADA 113 min
GÉNERO Drama

León de Aranoa es uno de los directores españoles que suele destacar cuando hace una película, que no es con mucha frecuencia. Así ocurrió con Barrio y sobre todo con Los lunes al sol. En la primera trataba de los chicos de una barriada madrileña que andan desarraigados, y en la segunda, los problemas de un montón de parados de un astillero que los lunes deben sentarse al sol como los domingos, en espera de un nuevo trabajo.
En Princesas, observa igualmente un colectivo de personas, pero esta vez femeninas, y concretamente, un grupo muy heterogéneo de mujeres que se ganan la vida con la prostitución. El lugar en que las reúne principalmente es una peluquería situada en la plaza o explanada madrileña en que pululan todas estas trabajadoras del sexo. Hay ligeros apuntes de la vida de varias de ellas, pero el guión se centra muy básicamente en dos: Caye (Candela Peña) y Zulema (Micaela Nevárez).
La película podría ser un drama o una comedia, según el enfoque que se le diera al guión, pero León no ha querido, o no se ha atrevido, a declararse por ninguna postura radical. El problema que esboza podía generar un argumento fuerte y lo elude, pasa casi de puntillas. Caye es una chica con una situación ambigua en su familia, reunida siempre a la hora de la comida, y que parece que ignora a lo que se dedica la hija. Ella es soñadora y sólo espera que algún DÍA le ocurra algo suficientemente grato e importante para que después la llene de añoranza, lo que la igualaría a una princesa, porque cree que las princesas sienten añoranza cuando se las separa de su círculo ideal. Una postura muy literaria y harto difícil de encajar en aquel ambiente.
El grupo de prostitutas a su entorno anda soliviantado por la invasión de extranjeras que vienen a quitarles el trabajo. Una de ellas, Zulema, una dominicana sin papeles, se hace amiga de Caye, y la amistad entre las dos y las diversas vicisitudes que viven será la historia del film, matizado por las ilusiones de Caye y el sufrimiento de Zulema que siente nostalgia por el hijo que dejó en su tierra. Personalmente siempre digo que los diálogos son un elemento importante en las películas. En ésta son su fuerza principal y eso que, para darle realismo, las chicas se expresan muchas veces con vocabulario francamente procaz.
Digamos que las dos “princesas” son en realidad las reinas de la función. Candela Peña no es ninguna tía buena pero sí una intérprete exacta, y la portorriqueña Micaela Nevárez es el gran descubrimiento. También excelente actriz y una auténtica real moza: alta, cimbreante, morena. Me recordó a María Félix, la “María bonita” de Agustín Lara.

 

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