Publicat el 18/10/2006
Luis Homar · Sergio Peris-Mencheta · María Valverde · Director: Antonio Hernández.

Alejandro VI es el conocido Papa Borgia de la historia, el de los asesinatos, los incestos y los envenenamientos, pero antes había habido otro Papa, Borgia también, que fue quien nombró cardenal a su sobrino Rodrigo. Éste había nacido en Játiva (Valencia) pero se había trasladado a Italia, donde hizo carrera entre la curia y la nobleza. Fue elegido Papa y tomó el nombre de Alejandro VI el mismo año de 1492 en que Colón descubría las Américas para los Reyes Católicos. Éstos iban consiguiendo en la que habría de ser España, una unificación por conquista y enlaces matrimoniales, lo que en Italia estaba muy lejos de ocurrir. Los Papas estaban en pleno apogeo de su poder temporal, tenían poderoso ejército y luchaban contra los nobles y señores de los diversos territorios como otro soberano cualquiera, aunque con el escudo de la religión. El poder espiritual amparaba al poder temporal de los pontífices, que aún tardaría mucho en desaparecer.
Perdonen este pequeño apunte histórico, por demás conocido, pero a tener en cuenta si se deciden a ver Los Borgia. Aquellos Papas eran, en relación con los católicos, muy diferentes de los actuales. Y en las diferencias, los Borgia se extralimitaron. La película se ocupa, principalmente, del Papa Borgia y de su hijo César, el más cruel y ambicioso de la extensa familia. Su padre lo nombró cardenal, pero abandonó el cargo porque él se sentía guerrero y conquistador, y con su padre al frente del catolicismo, pretendía ser coronado rey, para que quedara así el poder total en sus manos. Las intrigas y los asesinatos para conseguir tal objetivo constituyen el argumento del film, junto con los excesos sexuales, incluyendo los incestos con Lucrecia, la hija y hermana respectivamente, que la historia sugiere como posibles sin atreverse a darlos por seguros.
La película tiene una puesta en escena ampulosa y grandilocuente. Dicen que ha costado 10 millones de euros, y no se han escatimado en trajes ni escenas de latiguillo. Pero los guionistas no han sabido encontrar un hilo que recopilara el interés de la historia. Tienen demasiadas cosas que contar y lo que ocurre es que sobra espectáculo y falta interés. Algunos bostezos le surgen al espectador bien sentado en su butaca.
En la interpretación, en el papel de César Borgia, principal protagonista, destaca Sergio Peris-Mencheta, una especie de Javier Bardem apuesto y expeditivo, al que no conocía. Luis Homar, tan excelente actor, no acaba de dar buena idea del Papa Borgia, que parece en algunas secuencias un ingenuo advenedizo para tan alto destino. Y María Valverde tampoco produce la sensación que la historia presenta como sutil y retorcida. Ángela Molina queda reducida al anodino papel de “mujer” del Papa, quedando un reparto de secundarios extensísimo que cumple bien su cometido, con Paz Vega, Poncela y un largo etcétera.


En resumen, una película “de época” más de la temporada, que ya nos ha dado varias. Ésta pudo ser grande y se quedó en discreta. Y es que “quien mucho abarca, poco aprieta”, ya se sabe.

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