Publicat el 31/10/2006
Scarlett Johansson · Joss Harnet · Hilary Swank · Aaron Eckhart · Director: Brian de Palma

Scarlett Johansson es una estrella emergente del panorama cinematográfico de Hollywood que a sus 20 y pocos años se va transformando en un mito sensual parecido a Marilyn Monroe. Se ha querido aprovechar esta aureola y no sé quién se ha equivocado, si ella, los productores o el director. Yo diría que los tres, porque lo que ocurre es que vaga por la película como un fantasma despistado en una fiesta truculenta de Halloween. Aprovechando el impacto comercial de su nombre le dan dos pases de medio minuto en ropa interior y un conato de arrebato sexual con Joss Harnet, que es la escena que verán ustedes retratada en toda la publicidad de la película. Es joven y se le nota demasiado para su papel, porque resulta que tiene un pasado misterioso aunque su presente sea soso, soso, soso. ¡Qué diferente de la inquieta muchacha que vimos debutar en El hombre que susurraba a los caballos y explotar en Match Point!
La Johansson y Brian de Palma son los dos atractivos básicos del film para el público. Los demás cumplen más o menos bien su cometido. A Hilary Swank le ha tocado el de mujer fatal clásica del cine negro, de la Johansson ya he hablado suficiente y no mucho mejor puedo hacerlo del director, que tanto destacó en Vestida para matar y Los intocables, por ejemplo. Aquí toma como base una novela de James Ellroy sobre el hecho real del brutal asesinato en los años 40 de una muchacha que pretendía ser actriz. El guionista Josh Friedman y el director empiezan a acumular hechos violentos sin consideración para el espectador, que se da cuenta de que todo aquello podría tener entidad como corresponde a un director de la talla de Brian de Palma, si se lo contara con mayor coherencia.
Bucky y Lee, dos amigos ex boxeadores y ahora agentes de policía, libran como presentación un combate amañado que termina brutalmente. Uno tiene un padre enfermo ambiguamente alemán y el otro vive con una chica muy mona. Todos maquillados y vestidos como en los años 40. Una mujer es bárbaramente asesinada y los dos policías se encargan del caso. Sin que parezca que tenga nada que ver, Bucky empieza una relación con una familia VIP de la ciudad, con padre millonario, madre histérica y dos hijas, una de las cuales se enrolla con Bucky; mientras, Lee tiene problemas con la chica que vive con él.
La policía va de “coronilla” sin saber cómo descubrir al asesino de la mujer asesinada. Digamos que el caso está cerrado hace años como imposible, pero el autor de la novela y del argumento le quiso dar una posible solución. Brian de Palma se limita a acumular datos con la violencia visual en que es maestro y algún desliz erótico típico en él con el ligue de Bucky, para que al final todo sea truculento y sorprendente. Pero el espectador ya se ha perdido en el laberinto que le han presentado con tanta técnica y piensa: “¿Con que esto es lo que ocurrió? ¿Y para esto han mareado la perdiz dos horas? ¿Y Bucky mata a quien le parece y, como es policía, vuelve tranquilamente a casa para comer perdices con la otra chica? ¡Venga hombre, no me tome el pelo, señor de Palma!”

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