Publicat el 12/07/2006
Keanu Reeves, Sandra Bullock, Christopher Plummer. Director: Alejandro Agresti

Sandra y Keanu alcanzaron el máximo de su éxito conjuntamente en la impactante Speed, como agente de policía y conductora de un autobús que no podía parar ni disminuir la velocidad a menos de 80 por hora circulando por zona urbana. La verdad es que ambos son ejemplos en el arte cinematográfico del sistema del máximo rendimiento con el mínimo esfuerzo interpretativo. En Reeves, por lo menos tenemos un buen ejemplar de tipo varonil. En la Bullock es más incomprensible porque es sosa como intérprete y más bien vulgarcilla como belleza. Pero bueno, ahí están los dos en una clasificación de “aprobado” dentro del equipo de estrellas de Hollywood.
Se reencuentran en esta película que les comento hoy, a las órdenes de un director nuevo en la Meca del cine, el argentino Agresti, que en su país tiene un discreto cartel, y que aquí se movió satisfecho por disponer de un presupuesto al que no está acostumbrado: 70 millones de dólares. ¿La reunión de estas medianías ha valido la pena? Veámoslo.
¡Ustedes se acuerdan de la película ¡Qué bello es vivir!, que nos repiten todos los años por Navidad? Allí un ángel le muestra a James Steward lo que habría sido la vida si él no hubiera existido. Algo así, aunque sin ángel y con otras circunstancias, es lo que quiere significar al final La casa del lago y no digo nada más por si ustedes deciden ir a verla.
La doctora Cate (Sandra Bullock) se va de la vivienda muy especial que habitaba junto al lago y deja una nota en el buzón para el siguiente inquilino. Y el siguiente inquilino será Álex, un arquitecto de vida algo atormentada que le contestará por el mismo sistema. El mágico buzón será el intermediario y terminarán enamorándose a través de notas, preguntas y respuestas, sin conocerse, porque ella vive en el año 2006 y él en el 2004. Y también hasta aquí puedo contar, como en el Un, dos, tres. Después se irán produciendo acontecimientos con los tiras y aflojas habituales en las películas románticas. En el enamoramiento “virtual” que viven se mezclarán un medio novio de ella (Dylan Walsh, uno de los médicos de la serie televisiva Nip/Tuck), y el padre de él (Christopher Plummer, veterano pero excelente como siempre), y veremos sucesivas escenas que son como las piezas de un rompecabezas que ponen nervioso al espectador al no disponer del modelo para completarlo.
La película quiere ser en esto original, pero el efecto no está suficientemente logrado. Al espectador no le quedan ganas de rebobinar toda la cinta.

Deixa un comentari