Publicat el 25/01/2006
El domingo 29 se celebrará la 20 edición de los premios Goya del cine español.

No hay grandes favoritas para la mejor película este año. Veamos las que se han nominado:


OBABA, de Moncho Armendáriz. Una joven maestra llega a Obaba, un pueblecito vasco que pasará a ser el verdadero protagonista, porque se trata de una película coral en que surgen diversas historias de los personajes del pueblo en imágenes que avanzan y retroceden al compás del tiempo. El ritmo de la acción es dubitativo al principio, pero va cobrando interés con la mezcla de las antiguas supersticiones, el puritanismo del pueblo y la fuerza de los acontecimientos. Un deje de nostalgias, de deseos no satisfechos o satisfechos sólo a medias, flota siempre en el ambiente.


PRINCESAS, de Fernando León de Aranoa. Decía cuando comenté esta película en el mes de agosto que seguramente la apuntarían a los Goya, aunque me quedó la impresión de que León de Aranoa ha dejado demasiadas ambigüedades y no le ha sacado el partido que podía. En efecto, el guión entra en el mundo de las prostitutas que pululan en un determinado barrio madrileño y en la competencia que se establece con las trabajadoras del sexo que han llegado del extranjero, y centra su atención principal en dos de ellas, una madrileña cuya necesidad de recurrir a este oficio no queda nada clara, y una dominicana sin papeles y sin medios, que siente nostalgia del hijo que dejó en su país. Pero la película sólo consigue producir escasa emoción por sus vicisitudes.


SIETE VÍRGENES, de Alberto Rodríguez. Un director joven y poco conocido, causó una relativa sorpresa cinematográfica con la historia de Tano, un muchacho sevillano encerrado en un reformatorio, que recibe un permiso de dos días para asistir a la boda de su hermano. Al retornar a su antiguo ambiente se encuentra desubicado, sin conexión con los antiguos colegas y su antigua novia, pero él quiere seguir con sus costumbres de peleas y desenfrenos para disfrutar de la vida a su manera. El título del film no tiene nada que ver con el argumento, pues se trata de un juego entre los chicos que ni siquiera llega a quedar explicado. Lo que pretende el director (y lo consigue bastante) es contemplar el ambiente dislocado de esta primera juventud desde una atalaya, observándolo sin adentrarse en posibles soluciones.


LA VIDA SECRETA DE LAS PALABRAS, de Isabel Coixet. Isabel Coixet es una directora barcelonesa de 42 años que circula por el mundo con unas gruesas gafas que le dan un aspecto de estudiante empollona y niña repipi, pero su cine es todo lo contrario. Moderno, pensado, sensible e inteligente. Aquí centraliza la acción en una plataforma petrolífera, un hombre gravemente herido y su enfermera. Lo que se dice entre ellos y los demás miembros del especial entorno es lo que importa. Y más que lo que se dice, lo que se calla. La película debería titularse: La vida secreta de los silencios. Con cuñas humorísticas muy adecuadas.

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