Publicat el 15/11/2006
José García · Natalia Verbeke · Jordi Mollá. Director: Miguel Courtois

Ustedes se acordarán del follón armado con la misteriosa organización GAL (Grupos Antiterroristas de Liberación) en la década de los 80, cuando se sufrían los atentados de ETA con gran rigor. Recuerdo que por aquí había gente que se preguntaba por qué no actuaba el Gobierno eliminando subrepticiamente a los que conocía, que eran muchos, ya que detenerles y juzgarles de forma legal resultaba imposible porque se refugiaban en Francia. ¡Responder con terrorismo de Estado, vaya!
Alguien debió pensar lo mismo y surgieron los GAL, que actuaban principalmente en el vecino país con mercenarios pagados. No sé hasta que punto pensarán ustedes que esto era reprobable, pero sin duda fue absurdo y chapucero de la manera que se hizo. Un subinspector de policía personificación de la chulería y un ayudante tontorrón fueron a Francia con dinero a montones, se dieron la gran vida con mujeres y casino, y contrataron mercenarios que eliminaban a quien oliera a ETA. Al parecer se equivocaron un montón de veces. Se hizo algo ilegal y censurable, pero además con la más absoluta incompetencia. Por aquí trascendió la noticia y recuerdo que salían chistes sobre el organigrama del Gal y el Jefe, al que se llamaba Señor X, porque nadie aclaraba quién era.
Lanzaron el asunto a la publicidad dos periodistas del Diario 16, que lucharon sin descanso para denunciar los hechos, y la película se ha realizado con producción española (intervienen casi todas las televisiones autonómicas), el director francés Miguel Courtois y reparto español, excepto José García, que a pesar de este nombre tan hispano, es un excelente actor del vecino país. Él es uno de los periodistas, pero le han puesto por colega una chica, Natalia Verbeke, sin duda para hacer más vistosa la historia. El inspector de policía es un Jordi Mollá reflejo del arquetipo que tenemos en la mente de los antiguos policías chuletas, que no hacen caso a nadie porque son autoridad y “por cojones”. Un papel que Mollá borda a las mil maravillas. También el resto del reparto cumple.
Donde la película falla es en el guión, que resulta enrevesado y llevado a trompicones, con el soplo que reciben los periodistas de una “garganta profunda” (copian el nombre del Watergate de Nixon, cuyo modelo pretenden imitar), el hallazgo del zulo con documentos, las entrevistas y desplantes mutuos con los policías, las juergas, los errores de los GAL y las intervenciones de figuras relevantes de la política. A los agentes y personajes se les ha dado nombres supuestos, y los políticos no tienen nombre. Son siempre Sr. Presidente, Sr. Ministro o Sr. Gobernador. Pero cuesta poco saber a quien se refieren.
En resumen, si Vds. vivieron el asunto del GAL, el film puede atraerles porque les recordará muchos hechos, aunque no les resolverá nada. Todo queda clarísimo, pero dentro de la niebla, que es lo que ocurrió entonces.

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