Publicat el 29/11/2006
Edward Norton · Jessica Biel · Paul Giamatti · Director: Neil Burger

La historia se desarrolla en Viena, a caballo entre el final del siglo XIX y los comienzos del XX. Nos presentan un jovencito de clase humilde jugando a papás y mamás con una duquesita de su misma edad. Se le llevan a la chica, él desaparece un montón de años en los que recorre el mundo, y vuelve hecho un mago con toda la barba, cambiado hasta de nombre. Ahora es el profesor Eisenheim, que va subyugando a la gente con sus números en el escenario. Saca una naranja, la parte por la mitad, toma una de las semillas del interior, la mete en la tierra de un pequeño tiesto, y a poco empieza a salir un tallo. Éste crece a la vista del público, se llena de hojas y se va transformando en un bonsái, con hermosas naranjas que desgaja y las echa al público para que compruebe lo buenas y jugosas que están.
¡Caray! ¡Esto es un mago y no lo que tenemos en casa, por ejemplo el Màgic Andreu, que a pesar de lo bueno que es nunca podría hacer tantas maravillas! Porque Eisenheim hace muchas más, especializándose en la desaparición de personas, pero no con trucos de sábana delante, ¡zas! la quito y ya no está. No, con Eisenheim los personajes se van volviendo transparentes hasta que desaparecen. Tiene que haber truco, pero ¿dónde está?
Claro, empieza a coger fama de que posee dones sobrenaturales. El príncipe Leopoldo quiere ir a ver las maravillas del mago y va al teatro un día, acompañado de su prometida Sofía que, ¡mira por donde!, es la misma que de jovencita jugaba con el ahora mago, y Leopoldo, ¡tonto de él!, la hace intervenir en otro número espectacular, con lo que la pareja se reencuentra. Asustado y celoso del poder del mago, el príncipe ordena al jefe de policía Uhl que lo investigue a fondo. Y hasta aquí puedo contar, que decían en el Un, dos, tres.
Quiero aclarar que el film se basa en un relato de cuento de hadas, o mejor, de brujos, que fue premio Pulitzer. De manera que si hay mago y fantasía, no es extraño que pueda ocurrir cualquier cosa. El argumento desarrolla principalmente el empecinado toma y daca entre el ilusionista (Edward Norton, naturalmente) y el policía Uhl (Paul Giamatti). Buena interpretación de Norton, y también de Giamatti, que vimos hace poco en el único destacado de Agua. La heroína es Jessica Biel, una real moza con unos ojos de extraordinaria belleza, aunque como actriz no lo sea tanto. El director, Neil Burger, para mí desconocido, utiliza todos los recursos técnicos para darle autenticidad de película antigua, y el espectador no avisado piensa primero en una comedia romántica, que pasa a drama después y a intriga policíaca con conspiraciones para terminar sin saber qué carta quedarse.
Así que podríamos decir en resumen que al final debería salir el mago de la televisión Anthony Blake, británico nacido en Castilla, y decir aquello de “No hagan caso de lo que han visto. Es todo producto de su imaginación”. Y por eso el jefe Uhl se queda pensativo, mira un pequeño medallón como si fuera la clave de todo, y prorrumpe en una sonora carcajada.

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