Publicat el 28/06/2006
Lindsay Lohan · Chris Pine · Samaire Armstrong · Director Donald Petrie.

Lindsay Lohan es una joven cantante neoyorkina con éxito, que además ha hecho algunas películas especialmente musicales de tipo juvenil para satisfacción de sus numerosos fans, que la catalogan, con evidente exageración, de nueva “novia de América”, título que desde Mary Pickford los americanos adjudicaron muy escasamente. La última creo que fue Doris Day y desde entonces está vacante, porque Winona Ryder, que se había insinuado como sucesora, no logró confirmarlo. ¿Lo hará la Lohan? Lo veremos en una película que está a punto de salir, de Robert Aldman.
Bueno, lo evidente es que Lindsay Lohan apunta directo al público juvenil. El día del estreno, en la sala abundaban las chicas quinceañeras, todas con su pote kingsize de palomitas. Creo que lo pasaron bastante bien, aunque al principio en la película se arma un guirigay de personajes corriendo, hablando y gesticulando, que cuesta lo suyo encontrar el hilo que termine aclarándolo todo. Pero sí, al cabo de 15 o 20 minutos se consigue y empezamos a darnos cuenta de que va la cosa.
Por un lado Ashley (Lindsay Lohan) es una muchacha empleada en una empresa organizadora de eventos artísticos que disfruta de una suerte tremenda. Todo le sale bien. Tanto, que la “jefa” le encarga que organice una fiesta de disfraces. Por otro lado Roy (Chris Pine) es la antítesis. Quiere montar un grupo de rock y todo va al revés. En el baile de disfraces, accidentalmente, se besan y entonces las suertes cambian. La fiesta fracasa y a Ashley la despiden, mientras que Roy tropieza en un lío de coches en la calle, con un orondo representante artístico negro que considera que le ha salvado la vida, y la suerte de la muchacha pasa al chico.
A partir de allí, los golpes afortunados de él y desgraciados de ella son francamente divertidos, que acreditan a los guionistas, con abundancia de gags cómicos de la mejor ley, teniendo en cuenta que parte de un absurdo mágico. Los hay a montones, pero les contaré el que me pareció mejor: el conjunto de rock de Roy ha de presentarse en una sala repleta de juventud que levanta los brazos y chilla en la espera enardecida, pero Roy ha perdido al batería, atrapado en el sótano. En su tribulación Ashley le besa, inmediatamente en el sótano el batería toca una palanca y sale disparado, apareciendo en el escenario como un cohete. En su azoramiento, empieza a aporrear los bombos, y las salas estallan en aplausos, y al decir las salas, quiero decir las dos: la ficticia de la película y la real de los espectadores del cine. Primera vez que veo coincidir el sonido de la pantalla y el del patio de butacas.


Una dirección funcional, una interpretación adecuada y una buena música hacen que la juventud lo pase bomba y los mayores también se diviertan, siempre que se hayan puesto las gafas de chicos de 16 años, como hice yo, que ya los tengo más que triplicados.

Deixa un comentari