Publicat el 15/06/2006
Camille Belle · Katie Cassidy · Tommy Flanagan · Director: Simon West

Casi nunca les comento las películas llamadas “de terror”, porque, salvo raras excepciones, no me gustan, aunque sé que hay mucha gente que se “pirra” por asustarse en el cine. Claro que las de ahora son bastante diferentes de las que antaño iniciaron esta especialidad, las clásicas de Drácula, Frankenstein o El fantasma de la ópera, auténticos iconos que siempre son objeto de secuelas o de referencia cuando se quieren hacer films de este género.
Allá por los años 80 recuerdo que se proyectó una película titulada Llama un extraño, que también tenía por objeto asustar al personal. Simon West, un director que no se ha distinguido gran cosa hasta ahora, ha querido hacer una especie de remake de aquella, pero sólo de la primera parte, o sea del planteamiento de la acción, que es casi idéntico. Una chica va a hacer de canguro de dos niños una noche y en una casa que parece hecha a propósito. Sólo faltan la tempestad con rayos y truenos de las cintas de esta saga, pero tenemos todo lo demás, y multiplicado.
Me explicaré. Lo que los productores no se gastaron en personal (apenas salen cuatro personas en el reparto), lo hicieron en la casa y en los elementos. Una hermosa casa-laberinto, al borde de un pequeño lago. He leído en alguna parte que se tardaron seis semanas en acondicionar su exterior y cinco en su interior. Y su juego de luces combinado con el viento y los ruidos, tienen su importancia para el objeto perseguido. Porque el director juega continuamente con los latigazos de terror que deberían producir los estruendos inesperados, el teléfono que suena continua e intermitentemente, el viento que silba en la oscuridad, los apagones repentinos… en fin, todos los típicos tópicos para provocar la angustia, el suspense y el escalofrío en la sala.
Si éste estuviera acompañado por una historia coherente, nos encontraríamos ante un clásico importante del género terrorífico. Pero después del planteamiento similar a la película de los años 80, con la chica peleada con su novio por el devaneo con una amiga, a la que su padre acompaña a la espectacular y solitaria mansión para hacer de canguro de dos niños y comienza a recibir extrañas llamadas por teléfono, sin diálogo, la historia deriva hacia un galimatías sin otra pretensión que estremecer al patio de butacas, cosa que al final ya no consigue, por cansancio. Ella casi se vuelve loca por no comprender qué, cómo y por qué pasa lo que pasa, pero el problema es que al espectador le ocurre lo mismo y nadie se molesta en darle una explicación.

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