Publicat el 08/06/2006
Diego Peretti · Luis Luque · Óscar Ferreyro · Director: Damián Szifrón

Primera vez que veo un thriller (o algo que parece un thriller) argentino. Y digo “que parece” porque la película está hecha con armazón policíaco y gangsteril, pero a poco que se descuida se va hacia el terreno de la comedia, y más que a la comedia, a la caricatura. Cuenta para ello con un intérprete idóneo, Diego Peretti, este excelente actor, todo espontaneidad, con una tremenda nariz ganchuda que no trata de esconder, sino más bien lo contrario. Son muchas las veces que la cámara lo toma en primer plano y de perfil. Lo descubrimos (al menos yo lo descubrí) en No sois vos, soy yo, que les comenté hace algún tiempo.
Aquí le acompaña Luis Luque, barbudo y con anatomía repleta (“me sobran unos cuantos kilos para correr mucho”, dice en la película), pero también excelente actor, pues se llevó el primer premio de interpretación en el reciente Festival de Málaga. Los dos vienen a constituir una pareja tipo Hill-Spencer (los de la saga “Trinidad” de hace unos cuantos años) en películas “de colegas”, como en definitiva viene a ser la que hoy les comento, que dicen que en Argentina ha reventado las taquillas, al unirse los dos mencionados, con el director Damián Szifrón, en la cresta de la televisión platense.
Veamos de que va la cosa. Sucede en un país que se supone Argentina, aunque yo no aprecié nada que lo identifique. Ha habido un accidente de coche con posibles ramificaciones en la mafia. El más indicado para esclarecer los hechos es el agente Díaz (Luis Luque), pero está con una gran depresión consecuencia de haber encontrado a su mujer en la cama con un amigo. A pesar de todo, el jefe de policía (Óscar Ferreyro) le encarga el caso, pero decide que le acompañe el psicólogo Mariano Silverstein (Diego Peretti) para que, al mismo tiempo que le ayuda, le aplique la terapia que corresponda. El primer día, el psicólogo lleva a comer a su casa al paciente, que, como buen policía, observa algunos detalles, y lo primero que hace en la mesa es obligar, pistola en mano, a la mujer a confesar que también engaña al narigudo Mariano.
Y ya tenemos a los dos cornudos a entrar así en la misión que tienen encomendada contra la mafia de tráfico de armas y corrupción policial, en cuyos acontecimientos alternarán también la acción con los sustos y la caricatura.
Hay que destacar los diálogos, como casi siempre en las películas argentinas, dichos con esa dulce cantinela característica. El director quiere hacer la acción policíaca riéndose un poco y armándose un lío a veces, para llegar al final en que triunfe la improvisada pareja de héroes. Yo diría que, dentro de lo que cabe, consigue su objetivo.


En resumen, una comedia casi policíaca, dinámica y distraída, aunque se le encuentra a faltar algo. Queda como un buen gazpacho con muchos tropezones pero poco condimento.

Deixa un comentari