Publicat el 18/05/2006
Tom Cruise · Michele Monaghan · Ph. Seymour Hoffman · Director: J.J. Abrams

Yo recuerdo la serie televisiva Misión imposible de los años 70 que protagonizaban Peter Graves y Martin Landau. Como ha ocurrido con otras series que se hicieron famosas, el cine aprovechó la idea (Los intocables, El fugitivo, Los vengadores…). Tom Cruise se fijó en Misión Imposible y llevó el primer episodio cinematográfico (1996) a la pantalla grande, como productor e intérprete, cogiendo para dirigirlo a Brian de Palma. Tardó 4 años para el segundo con John Woo y 6 más para este tercero que acaba de estrenarse.
Siguiendo la pauta tomada por el cine de aventuras y acción, cada nueva edición ha de ser más espectacular y, con el título que lleva, hay que apurar el “más difícil todavía”. Los acontecimientos y las aventuras, cada vez más sofisticadas, se acumulan sin parar, después del mensaje que el agente Ethan Hunt del FMI (Fuerzas de Misión Imposible) recibe y se autodestruye en 5 segundos. En realidad, este trámite ya no haría falta, pero hay que rendir tributo al origen de la idea.
Este tercer número nos pone el corazón en la boca desde la escena inicial. El malo malísimo tiene cogidos a Ethan y a su novia, apuntando a la chica con una pistola: “Dime donde tienes la pata de conejo o la mato. Contaré hasta diez”. Y mientras va recitando malignidades, va contando: uno, dos, tres…¡y llega a diez y dispara! Luego salen los títulos de crédito y empieza la película. Para el público, pues, es cuestión de ver lo que ocurre para llegar a tan fatídico final.
Resulta que Ethan ya ha dejado la acción directa, se dedica a instructor y se ha enamorado, pero no crean que esto nos lo cuentan fácilmente. Nos vamos enterando a medida que pasan trompazos, carreras, explosiones y acción a tambor batiente. Porque, a pesar de estar en semiretiro, a Hunt se le requiere inmediatamente para un rescate y empieza el jaleo. Tendrá que viajar como un relámpago a Londres, Roma y Shangai para coger al malvado traficante de armas y secretos y apoderarse del objeto que se bautiza como “la pata de conejo” que va a vender a no se sabe quién.
Dispondrá de su equipo entre los que vemos a su amigo Luther, el moreno experto en informática, y a Shen, una nueva e inquietante belleza oriental. Julia, la novia que le ha enamorado es Michelle Monaghan, y el supermalo, de violencia y crueldad refinada, lo interpreta muy convincentemente Ph. Seymour Hoffman, el amaneradísimo Capote que se llevó este año el Oscar. Tom Cruise está muy bien en el papel y se da un buen lote corriendo, que es lo que le gusta en todas sus películas.
Si el film no fuera tan vertiginoso que no deja respirar, si el argumento diera tiempo a comprender lo que está pasando, sin duda las personas reposadas podríamos disfrutarlo más, porque indudablemente tiene sus méritos. Unos cuantos espectadores mozalbetes aplaudieron al final.

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