Publicat el 06/07/2006
Ricardo Darín · Irene Jacob · Bebe · Víctor Valdivia · Director: José Luis Cuerda

Creía que José Luis Cuerda lo había dejado correr porque no había aparecido más, después del éxito que logró llevándose el Goya en 1999 con La lengua de las mariposas. Siete años después ha vuelto a sentarse en la silla de director, enfrentarse con las cuartillas de guionista y hacer una pequeña aparición ante las cámaras con su venerable y recortada barba blanca al comenzar esta película, casando a los protagonistas.
Para ello se agenció al actor argentino de moda, Ricardo Darín y efectuó un casting entre 250 niños para escoger al “educador de hadas”, Víctor Valdivia, de 8 años, que tiene una sorprendente espontaneidad y soltura. De todas formas tengo que anticipar que La educación de las hadas, basada en una fábula del francés Cauwebart, no es una película muy lograda. Cuerda la lleva buscando un ritmo sugeridor, que obligue al espectador a intuir lo que en realidad pudo ocurrir y saltando en el tiempo no siempre de forma coordenada, lo que lleva al público bastante desconcertado hasta la mitad de la proyección. Además, las dos protagonistas, la francesa Irene Jacob y la extremeña Bebe, tienen un singular parecido, lo que al principio induce a mayor confusión, ya que en sucesivos saltos se ofrecen imágenes de la vida de una y otra, no siempre suficientemente aclaradas por el guión.
Veamos un esquema de éste. Nicolás es un fabricante de juguetes que conoce en un viaje a Ingrid, una ornitóloga con niño del que se hace enseguida gran amigo contándole la forma de educar a las hadas. Nicolás e Ingrid rápidamente se casan, viven felices y comen perdices, pero de pronto un día ella le anuncia a Nicolás su absoluta decisión de separarse y, efectivamente, le deja. Nicolás entabla relación entonces con una cajera de supermercado que arrastra graves problemas en su entorno, que conocerá también al niño y éste pretenderá educarla como el hada que le conceda lo que desea. Sobre esta encrucijada desarrolla Cuerda el argumento de la fábula buscando el lado tierno y emocional de cada uno de los personajes y el roce con la pícara ingenuidad del niño. La escena en que aparecen juntas por primera vez los dos amores de Nicolás es excelente y aclara ¡por fin! bastantes de las dudas que el espectador se había planteado.
Digamos que hay una interpretación eficaz de los tres personajes principales y del muchacho Víctor Valdivia, así como de una serie de secundarios actores y actrices de la televisión catalana, porque la acción se desarrolla en Barcelona y en unas casas rurales entre frondosos paisajes de los bosques del Montseny. Me pareció reconocer los castaños de la carretera de Santa Fe.

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