Publicat el 21/12/2005
Georgie Henley · Skandar Keines · Tilda Swinton · Director: Andrew Adamson

Bueno, pues ésta es la tercera película consecutiva de programa navideño que les comento. Primero, Harry Potter. Después, Feliz Navidad y ahora estas Crónicas de Narnia. Empezaré por decirles que ésta es la más apta para que lleven ustedes a sus pequeños, que aquí sí que, aunque tengan menos de 10 años, lo pasarán bomba, cosa difícil con las otras dos a menos que sean muy precoces.
Se ha comentado mucho sobre la similitud de este film con El señor de los anillos. Los autores C. S. Lewis y J.R.R. Tolkien son británicos ambos. Parece que además eran buenos amigos e imaginaron diferentes y extraños mundos: de la Tierra Media, por Tolkien y Narnia, por Lewis, y las dos dieron origen a exitosas series literarias traducidas a multitud de idiomas. Digamos que los dos mundos son prodigios de fantasía e imaginación, más infantil el de Narnia, más adulto el de Tierra Media. La película que se ha estrenado ahora corresponde al episodio La bruja, el león y el armario, de las Crónicas de Narnia.
En el Londres de la Segunda Guerra Mundial, una madre, para proteger a sus cuatro hijos (dos chicos y dos chicas) de los bombardeos, los envía al campo, a casa de un viejo profesor amigo. La casualidad hará que los chavales descubran un viejo armario en el piso de arriba, cuya puerta es la entrada en el fantástico mundo de Narnia, y allí viven la más prodigiosa aventura.
Narnia es un país poblado por criaturas diferentes a los humanos. Un joven fauno de pies de cabra y puntiagudas orejas se hace su amigo, así como una familia de castores (tal vez el mejor y más simpático acierto de la película). Les persigue la Bruja Blanca, que quiere acabar con ellos para que no se cumpla una profecía que la perjudica, pues su pretensión es que sea realidad el título de reina de Narnia que se atribuye. Pero para ello ha de conseguir vencer a Asland, que no es el rey del cemento allí, sino un majestuoso y enorme león que protege el territorio y que los habitantes desean proclamar soberano.
Como ven, aunque sea con formas llenas de fantasía, las aventuras siempre van a parar a lo mismo: las luchas entre alguien ambicioso y traicionero que quiere imponerse con malas artes a la bondad y la honradez. Los cuatro muchachos, que huyen de la guerra y la odian, tendrán que tomar parte obligados. En el mundo imaginario los problemas son los mismos que en el real. Lo que es bien diferente son las imágenes, excelentes en los paisajes y en los personajes creados por la técnica digital. Humanos, animales o mitad y mitad, todos hablan el mismo idioma y me atrevo a asegurar que los mejores intérpretes son el hermoso león y la familia de castores. Los humanos, cuyos nombres son prácticamente desconocidos por aquí, pueden verlos en el reparto, cumplen, pero podrían ser mejorados.

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